Amiga de la Obrera educa desde 1903 a niñas y niños de Chihuahua y la Sierra Tarahumara
Fundada en la capital el 24 de diciembre de 1903 por las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres, la asociación coordina hoy 12 escuelas y 9 casas hogar. En 2024 atendió a 1,879 beneficiarios.
Por Redacción
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La primera casa que las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres abrieron en el norte de México se fundó en la ciudad de Chihuahua el 24 de diciembre de 1903. Cinco hermanas llegaron ese día, acompañadas por la superiora general de la congregación, Concepción García de Quevedo, para dar forma a la Amiga de la Obrera, una obra educativa que casi 123 años después sigue abriendo sus aulas en la colonia Cuarteles y en ocho municipios de la Sierra Tarahumara.
Hoy la obra funciona como Amiga de la Obrera, A.C., una asociación sin fines de lucro constituida legalmente el 8 de abril de 1983 para dar estructura educativa, administrativa y legal a 12 escuelas y 9 casas hogar. Su misión, de acuerdo con la propia asociación, es ofrecer a niñas, niños, adolescentes y jóvenes una formación integral humana y cristiana que impulse su desarrollo personal y contribuya a la transformación de sus familias y comunidades.
Para Chihuahua, la asociación representa uno de los vínculos más antiguos entre la capital y la sierra. Desde su sede en la colonia Cuarteles coordina planteles y casas hogar en Carichí, Guadalupe y Calvo, Batopilas, Bocoyna, Nonoava, Urique, Madera y Matachí, donde atiende a población mestiza y rarámuri. En el reporte de 2024 que entregó a Confío, el organismo que evalúa la transparencia y las buenas prácticas de las organizaciones civiles, registró 1,879 beneficiarios, 193 empleados y 38 voluntarios.
El origen quedó documentado por la propia institución. El primer obispo de Chihuahua, José de Jesús Ortiz, había pedido una fundación de las hermanas para Santa Rosalía, pero fue promovido al arzobispado de Guadalajara antes de concretarla. Su sucesor, Nicolás Pérez Gavilán, escribió en 1903 al padre José María de Yermo y Parres, fundador de la congregación, para solicitarla en la ciudad de Chihuahua. En una carta circular del 30 de agosto de 1904, Yermo explicó el sentido de la nueva casa: un lugar donde las hermanas de la misión de la Tarahumara pudieran descansar al emprender el viaje y desde donde fuera más fácil atender sus necesidades. La institución registra que la fundación fue solicitada por Luis Terrazas y Carolina Cuilty de Terrazas, quienes la atendieron con generosidad en sus primeros años.
El método de trabajo lleva el nombre de Modelo Educativo Yermista, en honor de San José María de Yermo y Parres, y la asociación lo resume en una finalidad: formar a niñas, niños y adolescentes “en un clima de amor, libertad, responsabilidad y servicio”. En la práctica, cada plantel combina el programa oficial con talleres y acompañamiento a las familias. En Madera, el alumnado recibe talleres de danza, matemáticas, artes, educación socioemocional, música, ortografía y manualidades, y la escuela sostiene un plan de becas, medias becas y apoyo a las familias que más lo necesitan. En Nonoava, la asociación destaca la formación permanente de sus docentes en los ámbitos académico, espiritual, humano y social, así como la participación de madres y padres en actividades académicas y deportivas. En Matachí, parte del personal cuenta con especialidad en pedagogía, maestría en educación o licenciatura en catequesis.
La geografía de la sierra define cada proyecto. En Carichí, la asociación ofrece preescolar, primaria y secundaria a niñas y niños del pueblo y de familias indígenas que llegan a vivir a la cabecera. En Guadalupe y Calvo trabaja con las dos culturas de la región, la mestiza y la rarámuri de la Baja Tarahumara. En Batopilas, un pueblo colonial ubicado al fondo de una barranca a poco menos de 400 kilómetros de la capital, la escuela y la casa hogar atienden sobre todo a la niñez de 6 a 12 años. En Bocoyna funciona un internado con escuela, y en Urique una casa hogar recibe a niñas rarámuri de entre tres y catorce años que solicitan libremente formar parte de esa comunidad.
En la capital, la escuela Amiga de la Obrera ocupa la esquina de la calle 52 y Flores Magón y publica en su sitio el acuerdo de servicios educativos, el modelo pedagógico y las circulares de cada ciclo escolar; la más reciente, de octubre de 2026, corresponde al ciclo 2026-2027. La asociación forma parte del modelo de transparencia de Confío, que en su reporte de 2024 consigna ingresos por 37.4 millones de pesos, 92 por ciento de ellos de origen privado.
Quien desee conocer la obra o colaborar con ella puede comunicarse a la sede de la asociación en la colonia Cuarteles, al teléfono (614) 283 2126 o al correo amigadelaobrera.comunicacion@gmail.com. La institución atribuye su permanencia a la colaboración de muchas personas y de las hermanas religiosas que, a lo largo de los años, fundaron los distintos niveles que hoy forman su comunidad educativa.
Más de un siglo después de que cinco hermanas llegaron a Chihuahua en vísperas de Navidad, el ciclo escolar 2026-2027 ya corre en las aulas de la colonia Cuarteles y en las escuelas de la sierra, con el mismo propósito que la congregación fijó al llegar: que cada estudiante se convierta en agente de transformación de su familia y su comunidad.
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