Rosalinda García da seguimiento en Chihuahua a embarazos de riesgo desde la medicina materno-fetal
Originaria de Monterrey, es médica cirujana y partera por la UANL, con especialidad en ginecología y obstetricia y subespecialidad en medicina materno-fetal por la Universidad de Monterrey.
Por Redacción
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En el consultorio 213 del Centro Médico 3, sobre el Paseo Simón Bolívar, la doctora Rosalinda García acompaña embarazos durante las 40 semanas que dura una gestación a término. Es ginecóloga y se dedica a la medicina materno-fetal, la subespecialidad que vigila a la madre y al bebé como dos pacientes al mismo tiempo, con atención especial a los embarazos que requieren más cuidado.
García nace en Monterrey y estudia la carrera de Medicina Cirujano y Partero en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Cursa la especialidad en ginecología y obstetricia en la Universidad de Monterrey y, en la misma institución, la subespecialidad en medicina materno-fetal. Ejerce en Chihuahua, donde atiende en consulta presencial y en línea.
Su trabajo importa a la ciudad porque el embarazo de riesgo exige herramientas especializadas: ultrasonido estructural, estudios de flujo sanguíneo y la experiencia para interpretarlos. Una mujer con diabetes gestacional, con amenaza de aborto o de parto prematuro, o con una condición previa que complica la gestación necesita un seguimiento más frecuente y más detallado que el de un control prenatal habitual.
La medicina materno-fetal se apoya en la imagen. El ultrasonido del primer trimestre permite confirmar la edad gestacional y revisar la anatomía temprana del bebé. El ultrasonido anatómico, que se realiza más adelante, examina cada órgano del feto: el corazón, el cerebro, la columna, los riñones. El Doppler mide el flujo de sangre en el cordón umbilical y en otros vasos, y da información sobre si el bebé recibe lo que necesita. Entre sus servicios figura además el ultrasonido 4D, que produce imágenes tridimensionales en movimiento. El resultado de cada estudio se traduce en una decisión clínica: espaciar o aumentar los controles, ajustar el tratamiento de la madre, programar un procedimiento o mantener el seguimiento habitual.
Otra herramienta es la prueba de ADN fetal en sangre de la madre, conocida como NIPT, que analiza fragmentos de material genético del bebé presentes en la circulación materna para estimar la probabilidad de ciertas alteraciones cromosómicas. En su consulta también se realiza el cerclaje cervical, un procedimiento que refuerza el cuello del útero cuando se debilita y existe riesgo de que se abra antes de tiempo.
La lista de padecimientos que atiende rebasa el embarazo. Trata miomas uterinos, endometriosis, sangrados uterinos anormales, infecciones cervicovaginales, enfermedad benigna de mama, menopausia y virus del papiloma humano, y aplica la vacuna contra este último. Coloca y retira dispositivos intrauterinos, retira implantes anticonceptivos y realiza citologías cervicales. Después del parto, da seguimiento a la recuperación de la madre, tanto tras un parto como tras una cesárea.
García ofrece también opciones de parto y cesárea humanizados, un enfoque que busca que la madre participe en las decisiones, que el recién nacido permanezca en contacto con ella desde los primeros minutos y que las intervenciones médicas se limiten a las que hacen falta. Esa modalidad convive con la vigilancia técnica propia de la medicina materno-fetal, y se decide con cada paciente según su caso.
En el Centro Médico 3, donde reúne la revisión, el ultrasonido y varios procedimientos, y en su consulta en línea, la doctora García sigue semana a semana un proceso que dura casi diez meses, y la ciudad cuenta con una subespecialista en medicina materno-fetal, formada en Monterrey, que ejerce en Chihuahua.
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