Karen Ontiveros sostiene en Chihuahua la Vulcanizadora Osiris, un oficio familiar de tres generaciones
Enfermera de profesión, Karen Ontiveros Araujo atiende junto a su esposo la vulcanizadora que fundó el abuelo de él. El taller de la calle Escudero suma cerca de 17 años de historia.
Por Redacción
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En la Vulcanizadora Osiris, en la calle Escudero 21 de la ciudad de Chihuahua, Karen Ontiveros Araujo desmonta llantas, vulcaniza ponchaduras y sale a dar servicio a domicilio. A sus 34 años es enfermera de profesión y, al mismo tiempo, una de las manos que sostienen un negocio familiar de casi 17 años que fundó el abuelo de su esposo.
Su historia cuenta cómo un oficio de barrio se hereda y se renueva. La vulcanizadora nació con el abuelo de su esposo, conocido como “Cacho Sosa”, la continuaron su suegro y la familia de su esposo, y hoy la atienden ella y su marido, que la levantaron de nuevo paso a paso. Para los automovilistas de la zona, el taller resuelve una urgencia cotidiana: una llanta ponchada a media mañana que necesita volver a rodar ese mismo día.
Ontiveros terminó la carrera de enfermería hace ocho años y nunca se apartó del negocio. Aprendió el oficio desde abajo y lo ejerce con orgullo. “Gracias a Dios, de aquí salió mi carrera, es un negocio noble, aunque muchos lo ven sucio o pesado, nosotros vivimos de esto con orgullo”, dijo a El Diario de Chihuahua.
El trabajo de una vulcanizadora combina fuerza, precisión y química. El primer paso es el desponchado: separar la llanta del rin, localizar el punto donde entró el clavo o donde se abrió el corte y preparar la superficie interior. La vulcanización, el proceso que da nombre al oficio, aplica calor y presión al caucho para que el parche se funda con la pared interna de la llanta y la reparación resista el peso, la temperatura del pavimento y la velocidad. Después viene el montaje, el inflado a la presión correcta y la revisión de fugas antes de que el vehículo vuelva a la calle.
En Osiris el servicio incluye además la venta de llantas nuevas y usadas, la venta de rines y la atención a domicilio, que lleva el taller hasta el automóvil varado. Ontiveros participa en todas esas tareas. “Le ayudo a desmontar llantas, a vulcanizar, a hacer servicios a domicilio. Es un negocio familiar que seguimos por el legado que nos dejaron”, explicó.
Su presencia frente a la máquina desmontadora llamó la atención desde el principio. Algunos clientes llegaban solo para confirmar que una mujer realizaba ese trabajo, y con el tiempo, cuenta, fueron tomándole cariño y confianza. Una de las escenas que más recuerda ocurrió durante un servicio a domicilio. “Una señora me tomó una foto porque su esposo no quería que hablara a ningún negocio, pensaba que iría un hombre. Cuando vio que fui yo, le tomó la foto para demostrarle que sí me atendió una mujer”, relató entre sonrisas.
La anécdota resume el camino de la vulcanizadora en los últimos años: un taller de barrio que gana clientes por la calidad del servicio y por la cercanía de quienes lo atienden. Ontiveros reconoce que el negocio es exigente; también afirma que fue la base económica de su familia y que con él costeó su formación profesional en el área de la salud.
Las dos vocaciones conviven en su rutina. El Diario de Chihuahua la describió desmontando una llanta con la misma seguridad con la que atiende a un paciente. El negocio, por su parte, conserva el nombre y el oficio que comenzó con el abuelo de su esposo, ahora en manos de una tercera generación.
Hoy la Vulcanizadora Osiris sigue abierta en la calle Escudero con su servicio de desponchado, vulcanización, venta de llantas y rines, y salidas a domicilio. Al frente del trabajo, junto a su esposo, está Karen Ontiveros Araujo, que eligió quedarse en el oficio de la familia de su esposo y convertirlo en parte de su propia historia.
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