Aqua Junior enseña a nadar en Chihuahua a bebés desde los tres meses y a niños pequeños
Cristina Mena abre después de la pandemia una escuela de natación para la primera infancia en San Felipe Viejo; hoy opera con siete maestras, coordinadora y salvavidas.
Por Redacción
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En una alberca de la calle Ignacio Camargo, en la colonia San Felipe Viejo de la ciudad de Chihuahua, las clases duran cincuenta minutos y los alumnos más chicos todavía no caminan. Ahí funciona Aqua Junior, la escuela de natación que Cristina Mena abre después de la pandemia para enseñar a nadar a bebés y a niños de hasta diez años.
Para agosto de 2024, cuando El Diario de Chihuahua cuenta su historia, el proyecto ya tiene alrededor de dos años de vida y una plantilla de siete maestras, una coordinadora, personal que atiende a los niños fuera del agua y salvavidas. “Tenemos un aproximado de dos años con la alberca, hasta el momento todo ha ido súper bien; los papás están muy contentos con los avances que presentan sus niños”, dice Mena a ese diario.
El trabajo de una escuela así toca un problema de salud pública. La Organización Mundial de la Salud calcula que cada año mueren ahogadas unas 300 mil personas en el mundo y que los niños de cero a cuatro años registran las tasas más altas en relación con su población. El ahogamiento es la cuarta causa de muerte entre los niños de uno a cuatro años. Entre sus medidas de prevención, el organismo incluye enseñar natación básica y seguridad en el agua dentro de programas estructurados, con instructores capacitados, áreas seguras y una proporción adecuada de alumnos por maestro. Mena plantea su escuela en esos términos: quiere fomentar la natación y prevenir accidentes.
El método empieza antes de que el niño sepa flotar. La matronatación, la modalidad para bebés, recibe alumnos desde los tres meses de edad. Según Mena, la práctica relaja a los bebés, les aumenta el apetito, estimula el sueño y mejora su humor, además de aportar en lo físico, lo social y lo emocional, con el desarrollo de habilidades psicomotoras. A partir de los tres años, los niños pasan a clases grupales.
El calendario se arma alrededor de las familias. Las clases regulares son de cincuenta minutos, tres veces por semana, y hay cursos intensivos los sábados, de varias horas, para niños de tres años en adelante. Mena explica que la variedad de horarios responde a padres que descansan los fines de semana y a otros que trabajan justo esos días. La escuela resume su enfoque en un lema: dar clases con el amor y el respeto que merecen los niños.
La seguridad pesa en la organización del lugar. Además de las maestras dentro del agua, hay personal dedicado a cuidar a los niños y atender sus necesidades fuera de la alberca, y salvavidas durante las clases. Según la propia Mena, ese esquema busca dar seguridad a los niños y tranquilidad a los padres.
La relación con las familias es diaria y concreta. Mena cuenta a El Diario que lo que más disfruta es ver a los niños contentos, y que le toca atender llamadas de madres que no pueden llevar a su hijo a la hora de siempre y piden cambiarlo de turno porque el pequeño no deja de llorar por ir a nadar. “Me encanta mi emprendimiento”, dice.
El negocio nace pequeño y con una meta declarada: abrir sucursales en distintos puntos de la ciudad. Hoy la escuela sigue en la misma dirección de San Felipe Viejo, con grupos de matronatación para bebés, clases grupales para niños desde los tres años y cursos intensivos, y con la misma idea con la que arrancó: que el primer contacto de un niño con el agua ocurra con un maestro al lado.
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