Jorge Magno diseña vestidos de novia y XV años en Chihuahua desde 2001 y los lleva a Milán
Ingeniero químico de formación y licenciado en Diseño de Modas, abrió Los Ángeles by Jorge Magno el 2 de julio de 2001, ha vestido a la cantante Edith Márquez y presentado sus diseños en México, Estados Unidos y Europa.
Por Redacción
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“Esto lo hice yo.” Jorge Magno lo dice mientras recorre el local de la ciudad de Chihuahua donde desde hace 25 años da forma a vestidos de novia, de quinceañera y de ceremonia. Habla del negocio que lleva su nombre y también de las paredes, los techos y cada espacio que levantó junto a su padre cuando apostó por un sueño que entonces parecía incierto.
Magno abrió Los Ángeles by Jorge Magno el 2 de julio de 2001. Diseña y confecciona vestidos de novia, de XV años, de graduación y de gala, y su firma cumple un cuarto de siglo en la capital del estado. Ese recorrido es el hilo de esta historia: un taller que atravesó los cambios de la industria y que hoy mira hacia la siguiente generación de diseñadores chihuahuenses.
El comienzo tuvo una conversación de familia. “Mi papá me preguntó: ‘¿Estás seguro de que esto es lo que quieres para tu vida?’. Le dije que sí… pero la verdad es que no tenía idea de todo lo que me esperaba”, cuenta Magno. El primer local lo construyó con su padre, y todavía hoy conserva ese espacio como símbolo de los inicios de la marca.
Su formación tiene un giro poco habitual. Antes de dedicarse de lleno a la moda estudió Ingeniería Química, y años después cursó la Licenciatura en Diseño de Modas, que terminó hace poco. “Realmente soy ingeniero químico. Hasta hace poco terminé la licenciatura en Diseño de Modas. Muchas cosas ya las hacía, pero necesitaba darles estructura”, explica. La práctica fue primero y la teoría llegó después para ordenarla.
La vocación, en cambio, aparece mucho antes. “Desde los cuatro años les hacía ropa a mis gatos. Les ponía capas, coronas… También les hacía vestidos a las Barbies de mis primas. Siempre me gustó dibujar”, recuerda el diseñador chihuahuense.
El oficio de Magno es el del vestido hecho para una fecha que no se repite: una boda, unos XV años, una graduación. Cada pieza se diseña y se confecciona dentro de la misma firma, que hoy da trabajo a once colaboradores. Los cambios en la industria y en los procesos de confección transformaron la manera de trabajar y llevaron a la empresa a reinventarse, un proceso que Magno resume con una frase: “Después vino la pandemia y hubo que volver a empezar, pero ahora lo hacemos con pasos más firmes”.
Dirigir la empresa es lo que más le ha exigido. “Lo más difícil no ha sido diseñar; lo más difícil ha sido dirigir un negocio. Yo soy diseñador y la parte administrativa la hacen personas que me ayudan porque entendí que una empresa necesita un equipo”, afirma. También asegura que nunca buscó ser una figura pública. “Primero existía la marca y después la gente empezó a ponerle rostro. Comenzaron a preguntar por mí, a pedirme fotografías… Yo nunca me di cuenta. Mi propósito era trabajar”, dice.
Su trabajo ya salió de Chihuahua. Estableció operaciones en la Ciudad de México y ha presentado sus diseños en México, Estados Unidos y Europa. Un viaje reciente a Milán le dejó una conclusión. “Cuando presenté algunos diseños en Milán y vi que llamaban la atención incluso en un lugar con tanta tradición en la moda, entendí que podíamos competir”, relata. Entre las personas que ha vestido figura la cantante Edith Márquez, con quien inició una relación profesional en 2009. Como referentes de su oficio nombra a Christian Dior y a Karl Lagerfeld, y dice que todavía encuentra algo nuevo que aprender de ambos.
Después de 25 años, sus metas miran hacia afuera del taller. Quiere fortalecer de nuevo la presencia internacional de la marca y crear una plataforma para nuevos diseñadores, además de organizar pasarelas de alto nivel en Chihuahua. También contempla compartir su experiencia en las aulas. “Aquí la cultura de la moda todavía hay que construirla”, plantea.
Magno mide el éxito en la reacción de sus clientas. “El éxito se vive. Lo encuentro cuando veo a una novia o a una quinceañera feliz con uno de mis vestidos. Esa sonrisa es mi mejor recompensa”, dice. Si pudiera hablar con el joven que abrió la puerta en 2001, le daría un solo consejo: “Prepárate más. No seas vanidoso ni egocéntrico. Pero, sobre todo, nunca dejes de creer en el sueño que decidiste construir”.
Hoy, en el mismo local que levantó con su padre, el taller sigue funcionando con once personas y con una agenda de novias y quinceañeras. Magno recorre sus paredes y repite que lo hizo él.
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