Terruño Barra de Vinos sirve en el Centro de Chihuahua una carta de copeo que cambia cada semana
Terruño nació de un club de vino que organizaban Liz Suárez e Irving Herrera y hoy sirve solo agua y vino en la calle José María Morelos, con un jueves dedicado a bodegas de Chihuahua.
Por Redacción
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En la barra de Terruño, en el número 106 de la calle José María Morelos, en el Centro de Chihuahua, solo hay agua y vino. La casa no vende cerveza, refrescos ni bebidas preparadas. Esa regla, que Liz Suárez enuncia sin rodeos en un artículo publicado por la Asociación Mexicana de Restaurantes, ordena todo lo demás: la carta, el servicio y el tipo de conversación que se arma entre quien sirve y quien bebe.
Terruño Barra de Vinos ofrece más de diez vinos por copeo que cambian cada semana y más de veinte etiquetas por botella. Completan la carta destilados de uva como la grappa, vermuts, vinos fortificados y vinos de postre. Detrás del proyecto están Suárez y su pareja, Irving Herrera, junto con los hermanos Palma, chefs y socios de Las Pic Pizzería. Importa a Chihuahua porque abre un lugar donde probar vino sin comprometer una botella entera, en una ciudad donde, según Suárez, la oferta era muy limitada.
El copeo es la clave del oficio. Servir vino por copa permite que una persona pruebe varias etiquetas en una sola noche, compare estilos y descubra cuáles le gustan antes de llevarse una botella. La grappa se destila del orujo, el residuo de la uva tras el prensado; el vermut es un vino aromatizado y fortificado con alcohol, y los fortificados, como el oporto, reciben un destilado durante la elaboración. Una barra que gira en torno a la uva necesita a alguien que explique esas diferencias con claridad, y Suárez describe ese servicio como una explicación sin pretensiones, acompañada de buena comida.
Según el relato que Suárez publicó en marzo de 2026, el proyecto empezó seis años antes con un club de vino que organizaba catas pequeñas, cenas de maridaje y eventos temáticos: una cata de vinos alemanes con comida tradicional, un maridaje de oportos con chocolates, talleres de barrica. El club crecía y chocaba con un problema constante, la poca variedad de vino en la ciudad.
Cada etiqueta que conseguían de grandes distribuidoras de otras ciudades despertaba entusiasmo inmediato. La gente pedía más, quería comprar y volver a probar. De ahí salió la primera idea de negocio, una pequeña distribuidora de vino italiano para un mercado que necesitaba buenas opciones a precios accesibles.
El camino los llevó a Las Pic Pizzería, en el centro histórico, donde coincidieron con los hermanos Palma, que compartían su visión. Lo que empezó como una relación entre proveedor y restaurante pasó a ser la idea de abrir un bar de vinos que no existía en la ciudad, el que a Suárez y a Herrera les habría gustado visitar cuando aprendían. Querían un lugar accesible, con mucho copeo y etiquetas diferentes, donde ellos mismos explicaran cada vino.
La carta tiene una vertiente local. Los jueves, en el Jueves de Vino Local, una bodega del estado va a la barra, cuenta su historia directamente a los comensales y sirve sus vinos por copeo. Según Suárez, así más personas descubren que el vino de Chihuahua tiene identidad y calidad, y que cada proyecto tiene un rostro detrás.
Suárez resume lo que aprendió en esos años con una lista de cuatro cualidades: vender vino exige tacto, conocimiento, sensibilidad y honestidad. Cuando las personas entran a Terruño, dice, se dan cuenta de que no hace falta saber de vino para disfrutarlo.
En su artículo, Suárez escribe que en Chihuahua beber vino todavía es un acto de descubrimiento. Los jueves, con una bodega del estado frente a la barra y una lista de copeo que se renueva cada semana, ese descubrimiento tiene una fecha fija en el Centro.
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